Resumen
En este artículo se hace un recorrido por la historia de la política exterior de México hacia Nicaragua y El Salvador durante una década, a través de la actuación de dos destacados diplomáticos: Antonio de Icaza y Gustavo Iruegas. Gracias a sus testimonios, podemos reconstruir la manera en que actuaron frente a los crecientes problemas políticos en la región de tres ma-neras distintas: la primera, que tomaba como base los principios tradicionales de la política exterior mexicana; la segunda, que se basaba en su habilidad diplomática para alcanzar sus objetivos sin enfrentarse directamente con el gobierno del otro país; y la tercera, que optaba por rebasar los límites de su labor oficial y dar apoyo a las organizaciones revolucionarias. Esta última era una diplomacia conspirativa, al margen de la política oficial, pero que contó con el apoyo del presidente de México y de la propia Cancillería.
