Resumen
Durante la Segunda Guerra Mundial, la convergencia de talentosos actores y directores y crecientes niveles de producción dieron lugar a la Época de Oro del cine mexicano, un fenómeno facilitado por una compe-tencia reducida de Hollywood, Argentina y Europa. Sin embargo, a partir de 1946, la alta producción disfrazó un creciente malestar dentro de la industria cinematográfica mexicana, visto en el declive en la originalidad fílmica y una dependencia en baratas películas de género. Tradicionalmente se ha culpado el lento cierre de la Época de Oro en dos factores: primero, la influencia de William Jenkins, un expatriado inversor estadounidense que cultivó un cuasi monopolio de cines que favorecía el producto hollywoo-dense en sus salas de primera y financiaba la producción local de tal manera que los presupuestos se mantuvieron reducidos; segundo, el estancamiento creativo de los directores, cuyo sindicato admitió pocos miembros nuevos. Este artículo explora esos alegatos y también considera otros factores clave del declive: la conducta de bajo riesgo de los productores, las populistas políticas de medios del Estado mexicano y las tendencias internacionales, entre ellas el resurgimiento de industrias cinematográficas rivales. Así, el artículo ofrece una historia holística y atenta a lo empresarial del fundido a negro de la Época de Oro.
